El derrumbe de la casa de cristal

Así como todo suele suceder, un día cualquiera, se puede derrumbar la estructura que creías la más importante de tu vida, cuando el último pilar que la sostiene se disuelve en la nada.

Ni siquiera me salen las palabras correctas, no es que siempre las tenga, pero un fuerte en nudo en mi garganta me oprime el pecho y me nubla las ideas.

Sé que tengo que dejar fluir mis pensamientos y sacarlos a través de estas líneas pero me está costando demasiado trabajo.

Aunque nadie me asignó este trabajo ni me pidió de ninguna manera, ser la fuerte de la familia, desde que era niña me acostumbré a guardar la calma frente a la tensión de los momentos complicados, así fue y, por lo visto, así sigue siendo, en algún momento me autoimpuse esta misión y la cumplo cabalmente.

A las 10:40 de la noche del martes 8 de octubre de 2019, se fue la mujer más fuerte que he conocido en mi vida, yo fui testigo de cómo, poco a poco al pasar las horas, su corazón se fue debilitando hasta que no pudo más y latió por última vez; fueron largas horas en esa sala de terapia intensiva, momentos de tensión, momentos en donde una familia entera se venía a abajo, decisiones cruciales, intercambio de llamadas, mensajes, tazas de café, unión familiar y conflictos, todo en un mismo momento, minutos de angustia y desesperación por estar presente en esos últimos minutos de vida, culpa, reproches, abrazos, bromas y chistes para aliviar la tensión.

Personalmente, siempre me mantuve fuerte y objetiva, me salió sin planearlo, sin estrategia de por medio, como si toda la vida hubiese estado preparada para ese momento, ni siquiera me pasó por la mente llorar, no pude, mi cuerpo y mi mente se mantuvieron objetivos, fríos, precisos.

Soy probablemente el único producto terminado de esa mujer, todo lo que soy obedece a sus enseñanzas, y aún así me falta demasiado para dar la talla, no conozco persona más recta, más ética, más responsable que ella, más de bien.

Con su muerte se marca el fin de una era, se cierra el último resquicio de luz que se asomaba por esa puerta, se disuelven los frágiles lazos que aún nos unían como familia, y de cierta manera, se esfuma una delgada línea del tiempo que nos marcó a todos, casi como cuando sus latidos empezaron a debilitarse y la línea del electrocardiograma se difuminó hasta dejar de latir su corazón.

Los días posteriores han sido difíciles y pesados, ha sido complicado incluso despertar, sacar fuerzas de un depósito vacío.

Hay una sola cosa que me ha impulsado a dejar la cama, aunque sea con pesar, me la imagino frente a mi cama diciendo "te levantas, te bañas, te peinas y te vas a la escuela, la vida tiene que seguir".

Y entonces no me queda de otra que seguir su ejemplo de fortaleza, lo que ella hubiera hecho en mi lugar...

Hasta pronto abuelita Isabel (bit).

C.S.


Commentaires

Articles les plus consultés