Querido y amado cuerpo: perdón, perdón, perdón.
No tengo, ni tendré las palabras suficientes para pedirte perdón por este año y medio de dolor y sufrimiento; únicamente espero que entiendas que este camino solo, oscuro y frío que hemos estado transitando tenía un buen propósito, un fin en sí mismo, algo que probablemente nunca llegará, o quizás lleguemos de otra forma.
A lo largo de estos 16 meses fuimos víctimas y verdugos, fui muy ingenua pero también muy dura contigo y nos expuse al dolor terriblemente. Soy responsable.
No pretendo de ninguna manera evadir mi responsabilidad que tengo, tuve ante mí muchas señales que me alertaban a que algo andaba mal y aún así, no fui capaz de parar, cerré mis ojos para no ver lo inevitable, era tanto mi miedo y mi deseo, que seguí a ciegas sin escucharte.
Tantas pastillas, tantas inyecciones, tantas cirugías, más de 7 visitas al quirófano para retrasar lo inevitable y dañarte aún más, decidí no escucharte a pesar de que me gritabas por las noches a través del insomnio, a pesar de que me manifestaste con dolores, son sobrepeso, con migrañas, que ya no podías más.
Mis sueños fueron más grandes que mi realidad, y caro lo estoy pagando.
Hoy vengo a pedirte perdón, con el corazón en la mano, a decirte que no te voy a torturar más con esto, que a partir de mañana tendremos una tregua feliz en la que tú y yo vamos a estar siempre juntos de la mano escuchándonos y te prometo, que seré más consciente de mi actos.
En primer lugar, vamos a resetearnos de muchas cosas y a regresar al buen camino, prometo alimentarte correctamente, alejarme de las cosas que nos hacen daño, prometo que haremos ejercicio y dormiremos bien, prometo que no vas a visitar un quirófano en los siguientes meses de este año.
Prometo que haré más caso a las señales que nos muestra la vida, a las mariposas, a los momentos y a la gente que habla sin hablar.
Te prometo que pasaremos nuestro cumpleaños 41 en París, contemplando el Río Sena y la Torre Eiffel y las estrellas que llenan el cielo de nuestro diciembre.
De corazón espero que este viaje al final, en algunos años, resulte de enseñanza más que dolor, este profundo dolor que sentimos en el alma, en el corazón, en los sueños y en el cuerpo.
Seguiremos adelante como siempre porque al final de los días sólo seremos tú y yo, así como sucede con los objetos de cerámica que se hacen más hermoso con la técnica del Kintsugi, así serás más hermoso con estas cicatrices barnizadas en oro que nos recordarán estas batallas y las heridas que dejarán huella para recordarnos lo fuertes que somos y que esto nos hará un ser humano más hermoso.
Te pido perdón y me perdono, porque aunque en este momento nuestro cuerpo esté devastado por las heridas, nada quebrantará mi espíritu.
C.S.
Verano del 2022.
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